Entra a un café un hombre llevando a un mono con una correa.
Se sienta, pide una bebida para él y un zumo de plátano para el mono.
El animal se toma el zumo, tira el vaso al suelo y comienza a correr por todo el bar, lanzando gritos y haciendo destrozos.Finalmente, llega a la mesa de billar, se para, ve la bola blanca que esta sobre el paño
de la mesa; la agarra y se la come.
El dueño del bar, enfurecido, le recrimina al hombre:
- Óigame, usted, ¡Ese mono suyo es un salvaje, primero me destroza el bar y después se come mi bola de billar! Los voy a echar a patadas a usted y a ese bicho de mierda.
El hombre, avergonzado, le dice al dueño:
- No se preocupe amigo, yo le pago por todos los daños.
Dicho esto, saca un fajo de billetes y se va.
Al cabo de una semana vuelven el hombre y su mono al mismo bar. El hombre pide un trago para él y un zumo de plátanos para el mono. El mono esta vez se comporta decentemente; se toma su trago y se pone a caminar mesa por mesa, pero sin romper nada. En esto que ve sobre una mesa un helado con una cereza encima. Agarra la cereza, la mira bien, y procede a metérsela en el culo con toda delicadeza. Se la saca, la vuelve a mirar, y se la come.
El dueño del bar, indignado, otra vez le recrimina al hombre:
- Oiga! Ese bicho asqueroso suyo es un inmundo!. ¿Vio lo que hizo? Delante de todos mis clientes, se mete una cereza en el culo y después se la come.
A lo que el hombre le contesta:
- Si, mire, tiene que comprenderlo, con lo que le costó cagar la bola de billar, ahora antes de comer cualquier cosa primero la mide.
DEJARTE VOLAR
En la vida todo tiene su fin, la vida, las cosas, así como las relaciones, incluso las de amor verdadero terminan cuando una de las partes muere. Existen relaciones que cuando acaban duelen poco, otras mucho, otras ni siquiera llega a molestar que terminen, pero cuando se trata de una relación en la cual amas con todas tus fuerzas, cuando estás seguro de que fue tu primer amor verdadero, que cuando tus creencias dictan que para ti solo existe un único amor puro y mágico, ese día a tu vida llega una tormenta de ideas, sentimientos, contradicciones y tristezas que con el tiempo van cambiando, evolucionando o simplemente permanecen a lo largo de semanas, días y hasta año.
Y es en ese punto donde ese sincero y noble sentimiento que se tiene, crea una simple y compleja idea que es “yo quiero que seas feliz, quiero verte feliz y daré todo porque sea así, no importa que sea o no a mi lado”. Cuántas veces lo he escuchado en la calle, en la televisión, en la radio, en el cine, pero aunque suene repetitivo y trillado, es una frase que cuando se dice basada en un sentimiento verdadero, es tan valiosa como el mismo amor.
Pero que se convierte en un arma mortal, pues de forma inesperada, aunque se tiene conciencia de aquello, llega el día en que ves a esa persona que amas volar nuevamente, extender sus alas y sus brazos para ir rumbo a otra persona, las ves correr, amar nuevamente. Y tú apenas gateas. Entonces ¿qué pasa en ese momento?
La frase que se dijo con amor y con la razón ¿dónde queda? Simplemente jamás se está listo para aquello y nos lleva más la emoción que la razón y más aún si los sentimientos persisten en nuestro corazón.
Aquel día en que ocurre esto, es como que una daga te penetrase el corazón: te quejas, lloras, sufres, y al mismo tiempo sientes una alegría por saber que esa persona es feliz. Recuerdas los momentos a su lado, los buenos, los malos, los problemas, las alegrías, los planes, las locuras.
Tu mundo se vuelve un huracán de sentimientos donde no tienes un norte que seguir, piensas en esa persona todo el día, no comes, no duermes y si duermes, sueñas con él o ella. Piensas en tus errores, en lo que pudiste hacer mejor, lo que debiste cambiar, mejorar. Asumes la culpa de todo lo ocurrido aunque no deba ser así, y en un instante que parece eterno, sientes su voz llamándote, sus caricias en tu piel, sus quejas que te gustan e inicia una película en tu mente de todo lo vivido desde que le conociste.
Y de repente, empieza a correr una lágrima por tu mejilla, una simple gotita de agua que sale de los ojos pero que a la vez está cargada de dolor, pasión, iras, coraje, resignación. Y luego son dos, tres, cuatro gotas más y conforme esto ocurre, te desmoronas, bajas tus escudos y quedas libre ante el universo, sin máscaras ni protecciones.
Solo tú. Poco después, el alma se va aliviando, el corazón calmando y el tiempo vuelve a tomar su transcurso natural. Piensas en varias cosas, tu ánimo no existe, las ilusiones se van y solo permanece ese sentimiento de soledad abrumadora, donde si eres religioso preguntas a Dios por qué si todo iba a ser así.
¿Por qué me dejaste amarle tanto? ¿Por qué permites que sufra de esta manera? ¿Qué ganaré con todo esto? ¿Por qué no puedes arrancarme este sentimiento de mi corazón? ¡Ayúdame a olvidar! Y si no eres religioso reclamas a la vida, a tu cuerpo o a aquello en lo que tú creas las mismas preguntas. Pero en cualquier contexto que haya sido, lo que se busca es una respuesta que jamás llegará, una paz que no tiene cabida, una esperanza inútil.
Pasan las horas y los días parecen eternos, sueñas, buscas señales, recurres a acciones poco comunes, revives recuerdos una y otra vez, te falta el aire, te duele el corazón, no sabes cómo estar bien, cómo seguir con tus actividades y aún menos como concentrarte, y solo te imaginas a esa persona siendo feliz, besando otros labios, recibiendo otras caricias, riendo, disfrutando, preguntándote si piensa en ti.
Y ante esto, muchos te dirán que lo veas como una oportunidad de avanzar, de ver por ti, de amar a alguien más, de que te des cuenta de que no era para ti, que es algo normal de la vida. Y la realidad es simple, nadie sabe realmente qué es lo mejor para nosotros en estas circunstancias.
Cuál es la cura o el camino a seguir, incluso uno mismo lo ve a ratos como absurdo sufrir por alguien que sigue haciendo su vida, pero la razón no puede más que el corazón cuando se ama, y solo nos queda esperar, tener fuerzas y esperar.
Y es en ese punto donde ese sincero y noble sentimiento que se tiene, crea una simple y compleja idea que es “yo quiero que seas feliz, quiero verte feliz y daré todo porque sea así, no importa que sea o no a mi lado”. Cuántas veces lo he escuchado en la calle, en la televisión, en la radio, en el cine, pero aunque suene repetitivo y trillado, es una frase que cuando se dice basada en un sentimiento verdadero, es tan valiosa como el mismo amor.
Pero que se convierte en un arma mortal, pues de forma inesperada, aunque se tiene conciencia de aquello, llega el día en que ves a esa persona que amas volar nuevamente, extender sus alas y sus brazos para ir rumbo a otra persona, las ves correr, amar nuevamente. Y tú apenas gateas. Entonces ¿qué pasa en ese momento?
La frase que se dijo con amor y con la razón ¿dónde queda? Simplemente jamás se está listo para aquello y nos lleva más la emoción que la razón y más aún si los sentimientos persisten en nuestro corazón.
Aquel día en que ocurre esto, es como que una daga te penetrase el corazón: te quejas, lloras, sufres, y al mismo tiempo sientes una alegría por saber que esa persona es feliz. Recuerdas los momentos a su lado, los buenos, los malos, los problemas, las alegrías, los planes, las locuras.
Tu mundo se vuelve un huracán de sentimientos donde no tienes un norte que seguir, piensas en esa persona todo el día, no comes, no duermes y si duermes, sueñas con él o ella. Piensas en tus errores, en lo que pudiste hacer mejor, lo que debiste cambiar, mejorar. Asumes la culpa de todo lo ocurrido aunque no deba ser así, y en un instante que parece eterno, sientes su voz llamándote, sus caricias en tu piel, sus quejas que te gustan e inicia una película en tu mente de todo lo vivido desde que le conociste.
Y de repente, empieza a correr una lágrima por tu mejilla, una simple gotita de agua que sale de los ojos pero que a la vez está cargada de dolor, pasión, iras, coraje, resignación. Y luego son dos, tres, cuatro gotas más y conforme esto ocurre, te desmoronas, bajas tus escudos y quedas libre ante el universo, sin máscaras ni protecciones.
Solo tú. Poco después, el alma se va aliviando, el corazón calmando y el tiempo vuelve a tomar su transcurso natural. Piensas en varias cosas, tu ánimo no existe, las ilusiones se van y solo permanece ese sentimiento de soledad abrumadora, donde si eres religioso preguntas a Dios por qué si todo iba a ser así.
¿Por qué me dejaste amarle tanto? ¿Por qué permites que sufra de esta manera? ¿Qué ganaré con todo esto? ¿Por qué no puedes arrancarme este sentimiento de mi corazón? ¡Ayúdame a olvidar! Y si no eres religioso reclamas a la vida, a tu cuerpo o a aquello en lo que tú creas las mismas preguntas. Pero en cualquier contexto que haya sido, lo que se busca es una respuesta que jamás llegará, una paz que no tiene cabida, una esperanza inútil.
Pasan las horas y los días parecen eternos, sueñas, buscas señales, recurres a acciones poco comunes, revives recuerdos una y otra vez, te falta el aire, te duele el corazón, no sabes cómo estar bien, cómo seguir con tus actividades y aún menos como concentrarte, y solo te imaginas a esa persona siendo feliz, besando otros labios, recibiendo otras caricias, riendo, disfrutando, preguntándote si piensa en ti.
Y ante esto, muchos te dirán que lo veas como una oportunidad de avanzar, de ver por ti, de amar a alguien más, de que te des cuenta de que no era para ti, que es algo normal de la vida. Y la realidad es simple, nadie sabe realmente qué es lo mejor para nosotros en estas circunstancias.
Cuál es la cura o el camino a seguir, incluso uno mismo lo ve a ratos como absurdo sufrir por alguien que sigue haciendo su vida, pero la razón no puede más que el corazón cuando se ama, y solo nos queda esperar, tener fuerzas y esperar.
DAR LAS GRACIAS
Empezando este día, esta semana hay que dedicarla a dar gracias, gracias por una nueva misericordia, por la oportunidad de abrir los ojos, por cada situación ya sea buena o mala. Dar gracias a cada persona por el aporte diario, dar gracias por las cosas simples de la vida, gracias porque no dudas, porque todo es posible, porque todo en la vida vale la pena, porque tienes fe, porque aunque no te des cuenta todo conspira para que estés bien, porque eres una persona agradecida.
Aunque entiendas que las personas te dañan, que no han sido honestas contigo porque te sientes traicionado, deja las quejas que te envuelven y suelta ese círculo que te arropa y no te permites ver las bendiciones recibidas a diario.
Tiende a buscar eso que te fortalece, aunque sean experiencias amargas, las repites hasta que aprendas la lección. No importa a quién veas, perdona, da gracias y aprende a manejar tus tiempos.
Nadie es responsable directo de tus situaciones, de tus caídas, todo lo has permitido tú. Da gracias porque hoy tienes la oportunidad de corregir lo que entendiste que no era posible.
Aunque entiendas que las personas te dañan, que no han sido honestas contigo porque te sientes traicionado, deja las quejas que te envuelven y suelta ese círculo que te arropa y no te permites ver las bendiciones recibidas a diario.
Tiende a buscar eso que te fortalece, aunque sean experiencias amargas, las repites hasta que aprendas la lección. No importa a quién veas, perdona, da gracias y aprende a manejar tus tiempos.
Nadie es responsable directo de tus situaciones, de tus caídas, todo lo has permitido tú. Da gracias porque hoy tienes la oportunidad de corregir lo que entendiste que no era posible.
LAS ALMAS SON SIMPLES MARIONETAS
Todo el mundo tiene miedo de las armas y yo no entiendo el por qué. Hombre, todos sabemos que si estallase una Tercera Guerra Mundial, la siguiente guerra sería con piedras, pues hemos avanzado tanto en tecnologías armamentísticas que una guerra de esa magnitud, arrasaría con todo.
Sin embargo, no dejo de preguntarme por qué temer algo cuando el temor debería ser a alguien. Las armas por sí solas no son nada, son marionetas inertes que dependen de su titiritero para ser manipuladas.
No son ellas quienes tienen espíritu y maldad, no son ellas quienes provocan guerras, ni conflictos, no son ellas quienes deciden a quién arrasar o a quién defender. Sólo son la mano de obra que ejerce la destrucción. Pero nunca el cerebro de la operación. No son más que esclavas, peones a merced de ser utilizadas por manos corruptas.
Así que cuando busquemos culpas, miremos quién se mancha las manos, no qué emplearon para ello. Porque ¿verdad que no decimos que un coche sea un arma? Y sin embargo arrebata millones de vidas. Y como éste, se podrían enumerar miles de ejemplos.
Además, debemos buscar al causante, no la causa, que muchas veces justificamos los medios para alcanzar nuestros objetivos. Que en la mayoría de ocasiones, esos medios son injustificables. A veces ni nuestras metas son tan necesarias, ni son más importante que lo que dejamos atrás mediante los medios empleados.
A todo esto, no soy defensor de la armas ni estoy a favor de ellas, pero como he dicho, no son el causante de los males. Los verdaderos problemas los ocasionan las personas y sus emociones; ya sean estas por odio, avaricia o envidia. Así que reflexionemos y analicemos las causas y como en esto, en el resto de problemas que nos ponen tanto la vida como las personas.
Sin embargo, no dejo de preguntarme por qué temer algo cuando el temor debería ser a alguien. Las armas por sí solas no son nada, son marionetas inertes que dependen de su titiritero para ser manipuladas.
No son ellas quienes tienen espíritu y maldad, no son ellas quienes provocan guerras, ni conflictos, no son ellas quienes deciden a quién arrasar o a quién defender. Sólo son la mano de obra que ejerce la destrucción. Pero nunca el cerebro de la operación. No son más que esclavas, peones a merced de ser utilizadas por manos corruptas.
Así que cuando busquemos culpas, miremos quién se mancha las manos, no qué emplearon para ello. Porque ¿verdad que no decimos que un coche sea un arma? Y sin embargo arrebata millones de vidas. Y como éste, se podrían enumerar miles de ejemplos.
Además, debemos buscar al causante, no la causa, que muchas veces justificamos los medios para alcanzar nuestros objetivos. Que en la mayoría de ocasiones, esos medios son injustificables. A veces ni nuestras metas son tan necesarias, ni son más importante que lo que dejamos atrás mediante los medios empleados.
A todo esto, no soy defensor de la armas ni estoy a favor de ellas, pero como he dicho, no son el causante de los males. Los verdaderos problemas los ocasionan las personas y sus emociones; ya sean estas por odio, avaricia o envidia. Así que reflexionemos y analicemos las causas y como en esto, en el resto de problemas que nos ponen tanto la vida como las personas.
UN LUGAR PARA MI ALMA
M. Gandhi dijo una vez: “si no tienes religión, yo te recomiendo una: la verdad”.
Durante mucho tiempo, cuando los amaneceres fueron un umbral para los días apagados, existía en mi mente una lucha interna entre las capas de mi razón y los zócalos profundos de mi piel. Yo estaba segura de que mi origen había sido de una cepa siniestra, estúpida idea defectuosa que carcomía mi cerebro y me hacía sentir como una partícula insignificante, sulfatada, viviendo un exilio y confinada a lo más mínimo e inexistente.
En medio de esta desvelada costilla, había una duda rodando siempre en mi cabeza: ¿qué era la vida? ¿Realmente era esto vivir, así sin respirar, sin sentir el latido del corazón? ¡No!, yo estaba segura de que la vida era otra cosa, era transcurrir y suceder mientras se siente cómo fluye tu sangre por las venas, es vibrar sin sentir miedo, andar descalza y disfrutar de lo que te ofrece el suelo.
Entonces, ¿por qué yo sentía dentro de mí cosas opuestas? ¿Por qué mis pupilas últimamente sucumbían cuando el espacio sin forma alguna, seguía arrastrándome al puto abismo? Lugar incómodo para mis huesos, donde ya no deseaba estar más.
Esta invalidez de mi sequía mental, este virus polimorfo que se instaló en mis venas, ha atormentado mi alma por mucho tiempo cuando yo aún estaba viva.
Todavía recuerdo cuando comencé a obedecer la misoginia autoritaria de una bestia putrefacta, y de cómo se metió profundo y desgarró mis miedos desmenuzando todas mis dudas para luego vomitarlas sobre mi fragilidad.
Fue justo ahí cuando la oscuridad absoluta, la soledad última, se adueñó de mis sueños y al parecer, del mismo modo que cualquier estrella recorre su dominio en forma precisa, yo avanzaba por este mundo, quebrada, con un corazón débil, sin rumbo y con un horizonte completamente sombrío y la confianza rasgada y rota.
En ese entonces, yo solía sentarme en un banco de madera, muy al fondo de todo, donde las hojas secas eran el único alimento para mi razón y fijaba la vista en el suelo queriendo encontrar una salida pero una vez metida en este estado, algo o alguien me hacía observar cómo con cada amanecer, mi vida caía al fondo del tiempo, muy profundo, muy íntima de mi misma, naufragando mi condena perpetua, esa que caía sobre mi estéril cuerpo cada vez que me abandonaba a los vientos revueltos, al arrastre irrespetuoso de ese alguien, de ese gusano letal que creí que me cuidaba.
Y si, muy pronto llegó ese momento en que los que me conocían ya jamás pudieron saber nada de mí. Nada de la que fui, ya nunca más pudo asomarse a ningún nuevo crepúsculo. Dentro de ese vivir sin anhelar nada, sin querer nada, solo lo indispensable (comida y agua), mi vida que no era tal, un día deseo terminar de nacer, pero no ahí, en ese injerto tejido de engaños, donde era una sarcófago siniestro para mis nuevas ilusiones.
Invisible para muchos, con un carácter incompleto y con mis ojos repletos de tinieblas y temores, un día me fui a terminar de venir a este mundo ya grande, sola y sin esperanza alguna, decidí dejar de deslizarme por esta vida venenosa y comenzar a pisar la tierra, esta que me dio origen y me perdió por un tiempo y así, poco a poco, me alejé de las mentiras disfrazadas con ternura y me quité de encima a muchas sanguijuelas que a mi alma primera la vieron morir día a día y no hicieron nada.
Está lloviendo sin parar afuera, falta todavía una hora para que la noche cierre, entonces peregrino por mis últimos tormentos, abro mis ojos y los veo a ellos, iracundas almas inocentes que jamás comprendieron los misterios que aun aprietan mi cuello pero saben que fui su único lecho y la única caricia real que jamás sus latidos sentirán.
¡Ya llega el día! ¡Ya llega el día!
¿En dónde hallaré ahora un lugar para esta entraña mía que está libre,
muy dañada y rota?
Durante mucho tiempo, cuando los amaneceres fueron un umbral para los días apagados, existía en mi mente una lucha interna entre las capas de mi razón y los zócalos profundos de mi piel. Yo estaba segura de que mi origen había sido de una cepa siniestra, estúpida idea defectuosa que carcomía mi cerebro y me hacía sentir como una partícula insignificante, sulfatada, viviendo un exilio y confinada a lo más mínimo e inexistente.
En medio de esta desvelada costilla, había una duda rodando siempre en mi cabeza: ¿qué era la vida? ¿Realmente era esto vivir, así sin respirar, sin sentir el latido del corazón? ¡No!, yo estaba segura de que la vida era otra cosa, era transcurrir y suceder mientras se siente cómo fluye tu sangre por las venas, es vibrar sin sentir miedo, andar descalza y disfrutar de lo que te ofrece el suelo.
Entonces, ¿por qué yo sentía dentro de mí cosas opuestas? ¿Por qué mis pupilas últimamente sucumbían cuando el espacio sin forma alguna, seguía arrastrándome al puto abismo? Lugar incómodo para mis huesos, donde ya no deseaba estar más.
Esta invalidez de mi sequía mental, este virus polimorfo que se instaló en mis venas, ha atormentado mi alma por mucho tiempo cuando yo aún estaba viva.
Todavía recuerdo cuando comencé a obedecer la misoginia autoritaria de una bestia putrefacta, y de cómo se metió profundo y desgarró mis miedos desmenuzando todas mis dudas para luego vomitarlas sobre mi fragilidad.
Fue justo ahí cuando la oscuridad absoluta, la soledad última, se adueñó de mis sueños y al parecer, del mismo modo que cualquier estrella recorre su dominio en forma precisa, yo avanzaba por este mundo, quebrada, con un corazón débil, sin rumbo y con un horizonte completamente sombrío y la confianza rasgada y rota.
En ese entonces, yo solía sentarme en un banco de madera, muy al fondo de todo, donde las hojas secas eran el único alimento para mi razón y fijaba la vista en el suelo queriendo encontrar una salida pero una vez metida en este estado, algo o alguien me hacía observar cómo con cada amanecer, mi vida caía al fondo del tiempo, muy profundo, muy íntima de mi misma, naufragando mi condena perpetua, esa que caía sobre mi estéril cuerpo cada vez que me abandonaba a los vientos revueltos, al arrastre irrespetuoso de ese alguien, de ese gusano letal que creí que me cuidaba.
Y si, muy pronto llegó ese momento en que los que me conocían ya jamás pudieron saber nada de mí. Nada de la que fui, ya nunca más pudo asomarse a ningún nuevo crepúsculo. Dentro de ese vivir sin anhelar nada, sin querer nada, solo lo indispensable (comida y agua), mi vida que no era tal, un día deseo terminar de nacer, pero no ahí, en ese injerto tejido de engaños, donde era una sarcófago siniestro para mis nuevas ilusiones.
Invisible para muchos, con un carácter incompleto y con mis ojos repletos de tinieblas y temores, un día me fui a terminar de venir a este mundo ya grande, sola y sin esperanza alguna, decidí dejar de deslizarme por esta vida venenosa y comenzar a pisar la tierra, esta que me dio origen y me perdió por un tiempo y así, poco a poco, me alejé de las mentiras disfrazadas con ternura y me quité de encima a muchas sanguijuelas que a mi alma primera la vieron morir día a día y no hicieron nada.
Está lloviendo sin parar afuera, falta todavía una hora para que la noche cierre, entonces peregrino por mis últimos tormentos, abro mis ojos y los veo a ellos, iracundas almas inocentes que jamás comprendieron los misterios que aun aprietan mi cuello pero saben que fui su único lecho y la única caricia real que jamás sus latidos sentirán.
¡Ya llega el día! ¡Ya llega el día!
¿En dónde hallaré ahora un lugar para esta entraña mía que está libre,
muy dañada y rota?
MI COSMIVICION IDEAL
Desde tiempos ancestrales se ha perseguido el ideal de formar seres excepcionales vinculados con una conciencia expandida que logre exponer el propósito intrínseco que viene con nuestra simple existencia y que nos muestre el nivel más alto a desarrollar que al mismo tiempo reconozcamos que es una cualidad latente en cada ser.
Grandes escuelas y grandes maestros han existido, en su momento han vislumbrado la luz de la verdad más pura, el principio fundamental de la existencia con esto han desvelado gran parte de los misterios, pero los bloques históricos de nuestras turbulentas sociedades los han opacado y olvidado.
Afortunadamente estamos en un tiempo ideal, es una época de transición donde se permite conciliar lo nuevo con lo viejo, esto pone de manifiesto la importancia de este escrito encaminado a justificar un entendimiento integral para una vez más descifrar la necesidad imperiosa de armonizar cuerpo, mente y espíritu para que lo natural responda en consecuencia a nuestra evolución y expansión.
Lo que aquí describo no es nada nuevo, todas las culturas en sus bases antiguas lo señalan, pero en la época de las ciencias se han menospreciado las enseñanzas, el hombre ha enfocado su voluntad en satisfacer su egolatría, ha renunciado a sus designios divinos enfrascándose en los materiales.
El costo es inmenso, el hombre aún rechaza de donde viene y en consecuencia no sabe hacia dónde se dirige, sus acciones en consecuencia son igual de ilógicas, pero los resultados acordes a su actual sentido de no pertenencia.
Y en realidad nada nos pertenece, el problema está en creer equivocadamente que tampoco nosotros pertenecemos a nada cuando deberíamos hacer lo contrario, es decir; "saber que nada te pertenece y sí perteneces tú a todo".
Con el simple cambio de este enfoque se sortearían todos los males de nuestros tiempos, pero con simples palabras articuladas elocuentemente no se logra nada, tampoco con entendimiento a las frases escritas es y siempre ha sido el realizar acciones acordes a nuestro pensar, sentir y actuar, entonces lograremos congruencia base fundamental para el cambio verdadero y ya necesario.
Recordar o al menos sembrar la semilla en las conciencias de que somos seres involucionados de un estado etéreo ese trance se llama nacimiento, ahí en ese instante nos son veladas todas las capacidades que tenemos, olvidamos el origen y la esencia que nos trajo aquí.
Al crecer nuestros años, debiéramos encaminar nuestros pasos a redescubrir nuestro legado espiritual, pero en vez de eso nos enfocamos en lo material y de nuestra esencia real solo nos queda una migaja, por lo que en contadas ocasiones se manifestará en nuestras vidas pero en una forma muy deforme a lo que debe ser el sentimiento dominante en nuestros días, se manifiesta como culpa esto a su vez crea una conciencia errática llamada arrepentimiento.
Si nuestra espiritualidad rebasara lo material y físico, es decir; dejáramos de arrodillarnos y orar para pedir cosas materiales que nos den una falsa seguridad, entonces el regocijo se haría presente, la acción de este sentimiento nos da el amor en lugar del incipiente arrepentimiento.
En conclusión, somos seres perfectos involucionados en materia que se condensa, debemos evolucionar usando adecuadamente este medio físico para instrumentar a la fuente de que todos provenimos, permitir que nuestra estirpe pase este escalón terrenal de una vez por todas.
Siempre se ha discutido sobre el origen de la vida, al principio de la filosofía se ha mencionado que es por la presencia de algún elemento, después se evolucionó al concepto a que es la combinación de varios elementos aire, agua, tierra, fuego según la tabla periódica los elementos biogenéticos (C, H, O, N, S, P,), después se ha ido de lo general a lo particular concluyendo que existe una partícula de dios llamada antimateria, la materia obscura en el universo que antes se creía espacio vacío en realidad es una gran manta que sostiene todo lo que se puede palpar, medir o cuantificar.
En el cuerpo humano se ha descifrado el ADN y se ha descubierto el "gen basura", al que antes no daban la menor importancia, pero que al igual que la antimateria han demostrado que es un potenciador o inhibidor de reacciones importantes en la salud.
Estos dos descubrimientos a lo macro y a lo micro vuelven a patentar la máxima hermética de "como es arriba, es igual abajo" es aplicable a todos los campos, pero también con la nueva tecnología de la informática se han hecho avances en el estudio de las partículas subatómicas y su comportamiento, se ha descubierto que un electrón puede estar en dos lugares a la vez, esto rompe la ley de la física que estipula lo contrario.
Actualmente se dice que estamos constituidos de materia, que funciona con energía y ahora se descubre que no somos una tabla rasa, somos concebidos con una información innata que nos ayudará o entorpecerá nuestra salud en todos los sentidos.
Por otro lado tenemos el efecto de la oxidación, esta consiste en el envejecimiento y muerte de nuestras células, el fenómeno se presenta cuando se generan "los radicales libres": moléculas de oxígeno inestable que han perdido un electrón. Al tratar de robarlo a otra molécula sana inician una reacción en cadena perjudicial para todo organismo vivo (envejecimiento y Enfermedades crónico degenerativas).
Entonces no solo somos materia, ni solo energía, también somos información, ahí entra la función del hipotálamo, glándula que retiene la información de las generaciones y donde dicen que se encuentra la evolución de nuestra especie, que por eso los niños van naciendo más despiertos a las nuevas tecnologías, puesto que al momento de concebirse se les trasmite la habilidad de manipular y entender nuevas herramientas y la torpeza de las generaciones progenitoras ante las predecesoras.
Las tres cualidades de la manifestación de la vida en los seres nos dicen que están intrínsecamente relacionadas la materia es susceptible a la energía, la energía es susceptible a la información o la materia es susceptible a la información y la información susceptible a la energía, no hay protagonismo pero si se sabe que al discordar alguno de estos elementos hay manifestaciones patológicas.
Sabemos que el campo magnético de la tierra crea energía, ésta actúa sobre la materia como consecuencia de una información que conocemos como leyes de la naturaleza, entonces deducimos que las mismas alteraciones que está sufriendo el cuerpo humano son proporcionales a las alteraciones de estas leyes que rigen la física, la química y la biología de nuestro planeta.
Entonces, reconociendo lo que genera disturbios en lo macro y micro, entendemos que esas fuerzas así como tienen el potencial de destruir también lo tienen para crear, que existen fuerzas superiores e inferiores y que el ideal es trasmutar las segundas a las primeras para armonizar este universo o potenciar esta dimensión creando un efecto dominó para lograr el máximo propósito que es rescatar nuestra esencia.
Los mismos males nos aquejan desde tiempos inmemoriales:
La ignorancia de los líderes en quienes hemos depositado nuestra confianza para guiarnos en el camino de reconocer a profundidad nuestra esencia, de recordarnos que somos producto de la causalidad y no de la casualidad (Religiosos).
A la egolatría de los líderes que centraron nuestras conciencias en la materia negando todo aquello que no se puede percibir mediante nuestros sentidos, enarbolando el método ensayo-error como único camino para ser un hombre íntegro aunque con esto en realidad, al estar segmentado, jamás se logrará crear algo completo (Científicos).
Y por último la indisciplina de los líderes que nos marcan cómo relacionarnos con nuestros semejantes en este tránsito físico que es nuestra existencia (Sabios, Políticos, yo, tú).
Estamos en alguna postura y no aceptamos opiniones diferentes, cada líder se encarga de grabarte en lo más profundo de tu ser que repitas su discurso, porque si no lo haces entonces quién le va a reconocer como líder, estaría en peligro de no ser escuchado y tú estarías más perdido de lo que ya estás con la confusión que él te ha impuesto.
Todos los hombres auténticos son odiados o amados por grandes cantidades de personas debido a que friccionan sus conceptos estandarizados y son glorificados y maldecidos al mismo tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





